martes, 2 de marzo de 2010

Ruta por México III (Puebla)

Dice la canción, ¡qué linda, qué chula es Puebla! y no es por hacerle "la barba" a nadie pero sí, ¡qué linda!
En mi post pasado, Ruta por México II, platiqué sobre las hermosas iglesias que hay en ese estado. Comenté que llegamos a Puebla con Estrella Roja a la estación 4 Poniente donde tomamos un taxi que nos llevó a nuestro hotel a tan sólo unas cuadras del zócalo, directamente en el callejón de los sapos.
Llegamos al Mesón Sacristía de la Compañía, una antigüa vecindad que fué adquirida por una familia y remodelada como tienda de antigüedades, que después se adecuó como hotel. El hotel es de la familia Boutique Hotels y es que tiene por qué. Con tan sólo 8 habitaciones y uno de los mejores restoranes de la Ciudad, este hotel te ofrece un servicio de primera. Entramos a la recepción donde se encontraba Alejandro, el recepcionista tan amable que nos ayudó durante las 3 noches que estuvimos allí. La recepción está llena de muebles antigüos, todo en el hotel se vende. Pasamos al patio, donde está el restorán y la escalera que lleva a las habitaciones:








Cada habitación tiene un nombre distinto y todas son diferentes, todos los muebles son antigüos y también están ala venta, digamos que si te sientes demasiado cómodo en la habitación, puedes llevartela a tu casa. Lo increíble de este hotel es que cualquiera pensaría que es impagable, pero no es así. Los precios no, no son baratos, pero son accesibles, considerando el lugar, la atención y la ubicación. Aquí pueden checarlo. Una cuestión simpatiquísima es la puerta del baño, medirá unos 160cms de alto y es bastante angosta. En todos las habitaciones es igual, las puertas son las que se usaron en una prisión del siglo XVI, y lo simpático del asunto es que mi familia alemana se estrelló de ida y vuelta con las puertas todas las noches. En cambio yo, ni me dí por enterada. En México tener baja estatura sí es una ventaja! En Alemania no llego a verme en los espejos de los baños! Bueno, en fin. Que el hotel está bellísimo. Algo que me desconcertó un poquitín y no sé cómo tomarlo es que cuando yo mi marido y mis suegros llegamos, nos llevaron a los cuartos, nos explicaron y se tomaron el tiempo del mundo para darnos la bienvenida. Dos días después, llegaron mis papás y nada más les dieron la llave de su habitación. Quiero creer que fué una casualidad y que no se atiende mejor a los extranjeros que a los mexicanos.






Y bueno, después de acomodarnos bajamos a comer. El Hotel tiene un restorán que según nuestra guía es de los mejores de Puebla y en verdad comí uno de los mejores moles que he probado. Pedí unas enchiladas, mis suegros lo pidieron cada uno con pollo y cerdo. Delicioso! Los postres también de lujo. La natilla de rompope todavía me la saboreo. La Cocina puede verse desde una ventanita de las escaleras, además de ser la típica cocina poblana toda de azulejos de talavera, se puede ver cómo preparan la comida. Además debo decir que cuando llegamos olía a tortilla quemada, uno de los muchos ingredientes que esta salsa lleva. Mole es el genérico de salsa, Mole Poblano es el que "inventó" en el siglo XVII la Madre Andrea de la Asunción, monja dominica del convento de Santa Rosa con motivo de una celebración. Todavía se puede ir al Convento para ver la cocina donde el mole fué preparado por primera vez, y no es que se trate de un sentimentalismo gastronómico, pero es que las cocinas poblanas son famosas por su belleza. Aquí hay una colección de fotos, pues nosotros, desafortunadamente no tuvimos tiempo de ir a verla. Y bueno, aquí vale la pena comentar que Puebla es uno de los estados de la República Mexicana donde mejor se come, y es que junto con Oaxaca y Yucatán, representan lo mejor de la gastronomía mexicana. El Mole, muy de su época, es un platillo barroco, sí, como las iglesias, recargado, lleno de ingredientes cuyos sabores contrastan unos con otros, el mole lleva varios tipos diferentes de chile, pero también lleva chocolate, lleva pasas y canela, pero también ajo y cebolla. En fin, es una experiencia probarlo. Se dice, que el mole no es producto de una casualidad, sino el resultado de un lento proceso culinario iniciado desde la época prehispánica (Molli en náhuatl) y que se fué perfeccionado en las cocinas de los conventos durante la Colonia, cuando la cocina mexicana se enriqueció con elementos asiáticos y europeos.
Después del molito poblano, salimos a caminar, fuimos hasta el zócalo, paseamos por la plaza, llena de gente y globos, entramos a la catedral (ver Ruta por México II) y luego seguimos hasta la Iglesia de Santo Domingo, donde esta la Capilla de la Vírgen del Rosario (ver la misma entrada) Regresamos por la calle de atrás, pasamos por la Iglesia de San Francisco y al Callejón del Sapo para descansar.







Al siguiente día desayunamos y salimos hacia el zócalo donde se estacionan los dos "turibuses" que te dan un tour por la ciudad. Uno estilo tranvía antigüito, donde la guía se hacía sólamente en español y uno igual que el del DF (Turibus turístico ir aquí) con audioguía en varios idiomas, incluído el alemán. Excelente, pues no tendríamos que andar de traductores y cada quien podía ver y disfrutar de todo. El tour en Puebla no es "hop in hop off", es decir, no te puedes bajar y volver a subir donde quieras durante todo el día, sino que se hace el recorrido una vez durante una hora y pico por toda la ciudad y te regresan al zócalo. Eso no es tan buena idea pues limita mucho al turista y dejas de visitar museos, por ejemplo el museo regional en el Fuerte de Loreto que queda lejísimos del centro o bajarse a caminar y tomar un refresco en el Paseo Bravo. En fin, la vuelta siempre vale la pena, y ya es regla en nuestros viajes hacer un recorrido con el turibus para llevarnos una impresión de toda la Ciudad, pues muchas veces no da tiempo de salir de una zona y resulta que te perdiste algo fenomenal.
Puebla, como se sabe, es una ciudad llena, repleta, de iglesias, y es que se funda como paso intermedio entre el Puerto de Veracruz y la Ciudad de México, antes de la llegada de los españoles en donde hoy se ubica Puebla no había población. Los monjes franciscanos fueron de los primeros en llegar a México. Por los problemas que había entre españoles e indígenas de la región del Valle de Tlaxcala-Puebla, se estableció la nueva Ciudad en una región que, de acuerdo con la leyenda, fue señalado por los ángeles a Julián Garcés, obispo de Tlaxcala. Por eso Puebla, recibió el nombre de Puebla de los Ángeles, mismo que más tarde fuera cambiado a Puebla de Zaragoza en honor al valiente general que combatió, y ganó, a los franceses en la épica Batalla de Puebla. Sin embargo, es posible que en la fundación más bien fueran los franciscanos de Tlaxcala, entre ellos Toribio de Benavente -- Motolinía-- (náhuatl: El que se aflige) los que eligieron el sitio donde se levantó la nueva población española. En todo caso, levantaron Ciudad y montón de Iglesias, unas muy lindas otras no tanto. De hecho, aquí en este preciso lugar, es donde se funda la Ciudad en el año de 1531.



El recorrido te lleva hasta la loma donde se encuentra el Fuerte de Loreto y el de Guadalupe, defendidos por Ignacio Zaragoza durante la intervención francesa en 1862. En todo el parque se pueden leer letreros que advierten sobre lo sucedido allí, "mexicano, aquí el Gral Zaragoza defendió la patria y la libertad" y otros por el estilo. Hay un monumento bastante feo a Zaragoza, que parece como cangrejo boca arriba. No entendí el simbolismo y está pintado de azul fondo de alberca. Desde ahí se puede observar la Ciudad, me llamó mucho la atención una iglecita en la cima de una lomita, muy a la Sacre Coeur de Paris, sería coincidencia? De ahí bajas de nuevo con rumbo hacia la avda. Juárez, una de las partes más modernas de la Ciudad. Y luego de regreso hasta el zócalo. Aquí algunas de mis fotos:





















Después del recorrido nos bajamos del turibus con mucha hambre, además porque en la guía nos platicaron de las delicias gastronómicas poblanas, así que tomamos la recomendación que nos hizo Alejandro (del hotel) y caminamos hasta la Fonda Santa Clara en la calle 3 poniente. Afortunadamente estaba vacío, para cuando nos fuimos se empezaba a llenar bastante. Allí comimos pipián, que es otro tipo de salsa o mole, pero hecho a base de pepita o semilla de calabaza. Hay pipián verde y pipián rojo. Pedimos de entrada un plato con varios antojitos, unos molotitos, picaditas, gorditas, en fin, pura delicia. Yo pedí unas enchiladas tricolores, una de mole poblano, una de pipián rojo y otra de pipián verde. Una delicia! debo decir que el pipián verde mucho mejor y el mole poblano de la Sacristía me pareció mucho más fino. Aún así todo delicioso. Nos apuramos con el café, pues no queríamos perdernos la Biblioteca Palafoxiana, que me habían recomendado como un "Must See" de Puebla. Efectivamente, caminamos sobre 5 Oriente y llegamos al Ex-Colegio de San Juan, subimos las escaleras y ahí estaba, la Biblioteca que había sido ya completamente restaurada después de un incendio a finales de los noventa, estuvo cerca de 10 años cerrada al público. Ahora la pudimos visitar pagando una entradita y con la prohibición absoluta de hacer fotografías. Es una tristeza que después de tanto tiempo para restaurarla no se hayan puesto sistemas de alarma contra incendios. Las fotos de la Biblioteca son de un par de postales que compramos en la tiendita de ahí. La foto de la entrada, fué mi culpa. La admito.





Después nos dirijimos rumbo a la casa del Alfeñique, que mi suegra llamaba casa de dulce de almendra y yo no entendía por qué. Y bueno es que desconocía que esos ducles de almedra, se llamaban alfeñiques. Para eso son los viajes. Lástima que estaba en remodelación por lo que sólo pudimos verla por fuera. Cuenta la leyenda que un jóven español, ricachón, estaba enamorado de una poblana que había dicho que se casaría con quien le hiciera una casa de alfeñique. Y bueno, con amor y un poco de cantera, ladrillo, azulejos se logra una cosa así:





Enfrentito está el mercado El Parián, donde a los turistas nos mandan a comprar la Talavera poblana y otras curiosidades. Vale la pena irse a dar una vuelta pues allí se encuentra de todo, sobre todo el souvenir perfecto, el recuerdito para la casa y sobre todo ducles poblanos, que son -sin contar los camotes- la cosa más rica. Y es que al asentarse muchos conventos en Puebla, resulta que las monjitas de las diferentes órdenes que existían (clarisas, dominicas, carmelitas) elaboraban estos dulces como una forma de agradecimiento a sus benefactores. Después los comenzaron a vender y desde entonces, estos dulces se elaboran de forma artesanal. Típicos son camotes, alfeñiques, alegrías, múeganos, mazapanes, tortitas de santa Clara, borrachitos, macarrones, cocadas, jamoncillos, polvorones, glorias, y unas galletitas deliciosas. En las tiendas de alrededor del Parián también se vende Talavera, cosas muy lindas, pero ya nos había advertido mi mamá que nos llevaría a la fábrica con Certificado de Autenticidad, por lo que ni entramos...






El último día en Puebla pasamos toda la mañana en Cholula, volvimos al Hotel a alcanzar a mis papás que llegaban esa tarde del D.F., comimos otra vez en Mesón Sacristía, de nuevo pedí mole, sólo que esta vez con pollo y de postre, of course, una natilla de rompope. El rompope también es típico producto de los conventos de Puebla. Después de comer, nos llevaron a la fábrica de Talavera Uriarte, allí encontramos las piezas de cerámica más bellas del mundo, unos diseños preciosos. La Talavera es una técnica de vidriado para trabajar la cerámica que tiene su orígen en la Ciudad de Talavera de la Reina en Toledo, España. La técnica fué introducida a México durante la Colonia, como se puede observar en las fachadas de iglesias, las cocinas de conventos y casas, en fin, en toda la decoración arquitectónica de Puebla, así como en las reliquias que se conservan de aquéllas épocas, jarrones, vajillas, platones, etc. Hoy en día la Talavera para ser auténtica, debe contar un certificado de denominación de orígen DO4 (si tienes una pieza de Talavera fíjate que tenga estas palabras inscritas en la parte de abajo, sino, no es Talavera) Desde 1992 un grupo de fabricantes decidió buscar la protección de la Talavera, a la manera en que se hacía con las Ordenanzas del siglo XVII, pues surgieron un montón de imitaciones (en El Parián por ejemplo) Desde 1997 el Gobierno de Puebla hace la Declaratoria General de Protección de Orígen Talavera en los municipios de Valesquillo, Atlixco, Cholula y Tecali, como la zona de Talavera.
La Casa Uriarte tiene esta certificación a abre sus puertas para que además visites su fábrica. Los diseños van desde los más modernos hasta diseños del siglo XVI. Para llegar a esas piezas, primero se combinan dos tipos de barro que se cuela y se deja reposar, después se amasan y se dejan de 8 a 12 semanas y se hornean a 850°C. Esta pieza se denomina Jahuete. Después se esmaltan, se hace el dibujo y se decora horneandola de nuevo pero ahora a 1050°C
La casa en sí misma es una belleza, el patio central todo decorado con azulejos de Talavera y una fuente hecha también con esta cerámica, vale la pena ir, y si sales sin nada en las manos, es que no pasó tu tarjeta!
Había una vajilla conmemorativa del Bicentenario de la Independencia Mexicana, hermosísima, a ver si pueden apreciar el detalle en la última foto:









Muy contentas con nuestras piezas de Talavera DO4 perfectamente envueltas para viajar hasta Alemania en plástico burbuja, volvimos al hotel, en cuya agradable terraza y a la luz de las velas tomamos una cervecita para despedirnos de Puebla, al otro día temprano pasaría Gerardo por nosotros para llevarnos a Tlaxcala... Pero esa, es otra historia.

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