El suplemento
Enfoque del periódico Reforma
publica un interesante debate este domingo, día en que se conmemora el 95
aniversario de la
Constitución mexicana.
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sólo a suscriptores, les presto mi ejemplar.
¿Una nueva Constitución?
Carpizo y Valadés exhortan a los presidenciables a incorporar
esta discusión en su agenda de prioridades
Por Octavio
Ortega
Ciudad de México (5 febrero 2012).- Jorge Carpizo se
pronuncia en contra de una nueva Constitución o un cambio profundo en el texto
vigente, pues advierte que esta posibilidad también podría permitir retrocesos
tales como desmantelar el Estado de bienestar.
En contraste, Diego Valadés se pronuncia a favor de una reforma profunda de la Constitución que le
devuelva vigencia y que la coloque nuevamente como el referente que esté
pautando la vida del Estado y de los ciudadanos.
Carpizo considera injusto que se le achaquen a la Constitución
"todos los males", y afirma que el problema no es la ley sino los
vicios de la realidad política y social.
Valadés advierte que, de no llevarse a cabo una refundación de la Constitución,
avanzarán las actuales condiciones de deterioro de la norma, lo que haría
indispensable, entonces sí, pactar un nuevo texto constitucional.
Ambos coinciden en que las 530 reformas que se han hecho en 95 años han vuelto
poco práctica la aplicación de la norma, la han convertido en un documento
reglamentario y de difícil acceso al ciudadano.
Carpizo asegura que el próximo presidente de la República debe centrar
el debate que desde 1998 está abierto en torno a la vigencia de la Constitución,
recopilar todas las ideas que existen al respecto y proponer las reformas
específicas que se requieran.
Valadés conmina a los aspirantes a la Presidencia a iniciar esa discusión pública desde
el primer día del próximo sexenio, en aras de garantizar la gobernabilidad del
país.
¿Debe México avanzar hacia una nueva Constitución o es viable seguir
haciéndole reformas?
Jorge Carpizo:
La creación de una nueva Constitución no es un problema teórico ni académico,
sino de la realidad: un país tiene una nueva Constitución cuando existe una
ruptura jurídica, política y social. Esta ruptura puede ser pactada o no
pactada, generalmente las no pactadas son en forma violenta y las pactadas en
forma pacífica. En este momento en México no hay esa ruptura, ni pactada ni no
pactada... sí vamos a tener una nueva Constitución cuando la realidad imponga
esta necesidad.
En este momento no veo factible ni conveniente una nueva Constitución: nuestra
Constitución es actualizada a través de muchas reformas, no estoy de acuerdo
con una serie de reformas porque han sido inútiles, pero varias han sido muy
positivas. Hoy en día, la
Constitución de 1917 ha admitido casi todas las instituciones
constitucionales de la segunda posguerra mundial; claro, aún habrá que hacerle
otras reformas.
La Constitución tiene un diseño institucional o ingeniería constitucional
adecuado, indudablemente perfectible. Los principios esenciales de nuestra
Constitución son respeto a los derechos humanos, en todas sus vertientes;
soberanía popular; división de poderes; sistema representativo; sistema
federal; el principio de no reelección del presidente de la República; el control
del poder, y garantías procesales para hacer valer las normas constitucionales
en caso de que éstas sean violadas.
Se le atribuyen a la
Constitución una serie de males, y los males no son de la
norma, sino son vicios de la realidad política y social. Por ejemplo, ¿en qué
norma de la Constitución
se encuentra aceptada la gran corrupción que hay en México?, ¿en qué norma se
encuentra la irresponsabilidad de los poderes políticos?, ¿en qué norma se
encuentra el fraude electoral de otras épocas?, ¿en qué norma está la
destrucción de la moral pública, la virtud cívica y el patriotismo?
Para cambiar una Constitución hay que saber qué queremos y cómo lo vamos a
hacer. Yo quiero cambios pacíficos.
En el México actual, ¿es posible que las principales fuerzas políticas, sociales,
económicas, de la cultura se pongan de acuerdo en un nuevo pacto social? Yo
tengo dudas, si a veces no se ponen de acuerdo ni en aspectos pequeños y no tan
importantes. Entonces, mi miedo de una nueva Constitución es que, en las
circunstancias actuales de México, se vayan a dar retrocesos.
Diego Valadés:
México está viviendo en este momento una etapa que podemos caracterizar como de
"desconstitucionalización", esto puede sonar fuerte, pero no se
refiere a que haya violaciones expresas o particulares con relación a algún
precepto o a alguna serie de preceptos constitucionales, quiere decir que se ha
perdido la Constitución
como un referente para pautar la vida cotidiana del Estado y también como
referente de los propios ciudadanos. En Derecho distinguimos entre la norma
vigente, aquella que en efecto se encuentra, que ha sido aprobada conforme a un
proceso legislativo o de reforma constitucional, y la norma positiva que es
aquella que se aplica de manera efectiva. Estamos viendo que numerosos aspectos
de la Constitución
no se aplican de manera efectiva, lo vemos a diario. La Constitución
establece, por ejemplo, que no hay fueros en el país y, sin embargo, advertimos
que en la práctica los militares están siendo beneficiados por un fuero
extraconstitucional, incluso que contraviene las normas de la Constitución.
Lo mismo ocurre con algunos elementos del clero mexicano: se
ha aceptado públicamente que han incurrido en actos de pederastia, han incluso
pedido perdón públicamente y no ha habido ninguna sanción de carácter jurídico
con relación a ellos. Esto se puede multiplicar. El artículo 123 se refiere al
derecho al trabajo, sin embargo en México no tenemos un sistema de seguro de
desempleo, de manera que el derecho al trabajo que establece la Constitución es un
derecho vacío. Así podríamos analizar varias disposiciones.
¿A qué ha llevado esto?, a que uno de cada dos mexicanos, el 57 por ciento,
considera que la
Constitución no responde a las necesidades nacionales y que
uno de cada cuatro mexicanos, el 24 por ciento, diga que necesitamos una nueva
Constitución. Ésta es una encuesta que se hizo en el Instituto de
Investigaciones Jurídicas de la
UNAM en 2003, que se replicó en 2010, y que nos ofrece por lo
mismo un pulso muy directo de lo que la sociedad está pensando. En cuanto a
opinión personal, debemos intentar la reforma; de no llevarse a cabo una
reforma oportuna, suficiente, satisfactoria y eficaz, entonces cuando lleguemos
al Centenario de la
Constitución, en 2017, las condiciones de deterioro, por lo
que respecta a la percepción social de la Constitución y por lo
que respecta a la vigencia de las instituciones que la Constitución prevé,
harán casi indispensable un nuevo texto constitucional.
Carpizo:
Es un problema muy serio lo que dice el doctor Valadés, y tiene toda la razón,
grandes partes de la
Constitución no se cumplen. A pesar de ello, en los últimos
años hay un esfuerzo por acercarse al cumplimiento de la Constitución. Voy
a tomar un ejemplo de lo que decía el doctor Valadés: el artículo 123, que
todos sabemos que se refiere al derecho al trabajo. La tesis más importante de la Constitución de 1917
es la realización de la justicia social, es decir que todos los mexicanos
lleven una vida digna, es obvio que esto no sucede cuando la mitad de los
mexicanos se encuentran en algún grado de pobreza, pero tampoco se cumple
cuando el desempleo ha ido aumentando, cuando 7 millones y medio de jóvenes,
los famosos "ninis", no tienen oportunidad de empleo ni de trabajo.
En una nueva Constitución podemos dar pasos hacia atrás en este aspecto de la
justicia social, y no son imaginaciones. Veamos qué está pasando en Europa. Los
países más ricos de Europa occidental están desmantelando su Estado de
bienestar; entonces, mi miedo es que ante una nueva discusión, pues con el
argumento de que no hay dinero, que es lo que está pasando en Europa
occidental, demos pasos hacia atrás.
El gran problema de la
Constitución mexicana de 1917, y es por lo que hay que
luchar, no es que sea una Constitución deficiente, aunque coincido con el
doctor Valdés, hay que hacer reformas, pero reformas muy precisas.
Muchas de las reformas que se han hecho a la Constitución no son
para resolver problemas, sino son elucubraciones académicas o políticas por
intereses personales o de grupo.
Si no resolvemos una serie de problemas muy concretos de México, desde luego
que podemos llegar a una situación en que se necesite una nueva Constitución, y
como yo tengo mis dudas que pueda ser pactada, pudiera ser en el marco de una
convulsión social.
Lo que primero se necesita en México, con urgencia, es el cumplimiento cabal y
total de la Constitución:
el verdadero resplandecimiento del Estado de derecho, pero ahí tenemos
problemas muy serios, no sólo del gobierno, sino de la sociedad, que es muy
tolerante a la corrupción y a la impunidad.
Valadés:
Una de las expresiones del doctor Carpizo se refiere a que hay vicios que
resultan de la realidad, estos vicios han tenido un impacto devastador para la
norma constitucional. Lo voy a poner en estos términos: cuando la Constitución fue
redactada, en Querétaro, estaba compuesta por 22 mil palabras, hoy la Constitución está
integrada por más de 50 mil palabras, alrededor de 55 mil palabras, sólo la Constitución de la India es más extensa en
número de palabras que la mexicana, hay otras que son más extensas en número de
artículos, pero no en número de palabras. Hemos llevado a la Constitución aspectos
que no son de naturaleza constitucional, sino de naturaleza reglamentaria; por
ejemplo, regular hasta el hecho de que los spots de carácter político sean de
20 segundos aparece en la
Constitución, de manera que si quisiéramos hacer spots de 15
segundos o de 30, tendríamos que reformar la norma... esto hace que nuestra
Constitución sea absolutamente disfuncional y que sea muy difícil aplicarla con
rigor, entre otras cosas porque es una Constitución reglamentaria que no
permite su adecuación paulatina a la realidad.
En segundo lugar porque los ciudadanos no la conocen, se ha vuelto una norma
para abogados. Podemos advertir que en México, por ejemplo, no hemos podido
escribir un tratado de derecho constitucional, y no porque no tengamos
elementos para hacerlo, sino porque la Constitución no nos lo permite porque la están
cambiando con una frecuencia inusitada. Escribir un tratado nos puede llevar
cinco o seis años, cuando terminemos el tratado ya la Constitución a la que
nos refiramos es otra.
Si eso nos pasa a nosotros los especialistas, imaginemos qué ocurre con un
ciudadano que si va a la librería a comprar un ejemplar de la Constitución, muy
probablemente el que le están vendiendo ya está desactualizado. Tenemos, por
tanto, un problema acumulado, de lo que el doctor Carpizo menciona como vicios
de la realidad que han impactado en la norma constitucional y que la han
empobrecido, necesitamos por lo mismo, si no una nueva Constitución sí una
Constitución reformada y una Constitución refundida, o sea una Constitución que
sin cambiar lo que tiene lo ponga en términos sensatos, coherentes, asequibles
para todos los sectores, aunque no sean abogados.
¿El próximo presidente de la
República debe convocar a un gran debate nacional de cara al
Centenario de la
Constitución previsto para 2017?, ¿qué objetivo debe tener
este debate?
Carpizo:
Desde 1998 estamos en este debate: una nueva Constitución, una Constitución con
nuevas reformas, una Constitución que no se toque. Y han existido cuando menos
tres grandes ejercicios, donde se han presentado centenares de ponencias,
contradictorias entre sí, y el resultado ha sido casi nulo. ¿Discutir una
Constitución siempre será saludable?, no. Hay que discutir algunas reformas muy
precisas, no volver a abrir este ejercicio que está desde 1998 y que nos ha
llevado a pocas reformas de peso.
Por un lado está la crítica, que tiene cierto grado de razón, de que han
existido muchísimas reformas constitucionales, pero por otro, las fuerzas
políticas quieren que todo quede en la Constitución, lo que se refería el doctor
Valadés, y nos dio un ejemplo, es absurdo, pero todo debe quedar en la Constitución. Si
cuando se creó la original Constitución se atacó mucho que el artículo 27, para
el campo, y el artículo 123, para el trabajo, eran reglamentarios, ahora
tenemos muchísimos más artículos reglamentarios: todo lo que es lo electoral.
¿A qué se debe esto? Hay una gran desconfianza entre las fuerzas políticas del
país, hay una gran desconfianza de fuerzas sociales hacia los políticos y se
siente que lo único que puede asegurar es la reforma constitucional y ponemos
en la Constitución
cosas que deben estar en la norma secundaria.
El próximo Presidente debe de centrar la discusión, él debe de proponer una
serie de reformas para solucionar problemas en el país. Se ha dicho de todo,
hay centenares de ponencias, cosa de que designe a un grupo técnico para que
estudie todo lo que se ha dicho desde 1998 y se propongan ciertas reformas. Y
quiero referir algunos objetivos: el cumplimiento de la Constitución, la
gobernabilidad, el reforzamiento de la cultura del Estado de derecho en nuestro
país, y esta función no es solo de ningún Presidente.
A la norma jurídica no le podemos dar efectos milagrosos que deseamos. No es la
realidad que el cambio de la norma va a modificar la realidad o la mentalidad
de las personas. Tenemos que ir a otros caminos: mayor educación
constitucional, mayor conocimiento de las normas, una cultura de la legalidad.
Valadés:
Sin duda, debe hacerlo no sólo con relación a un importante acto que será la
conmemoración del Centenario de la Constitución, sino con algo más importante todavía,
que es la gobernabilidad del país. El objeto de un gran debate sobre la Constitución mexicana
debe tener por eje la gobernabilidad democrática de México y no se debe aplazar
este debate a 2017, debe darse en 2012. Lo que he advertido es que los dos precandidatos
de los partidos que ya están definidos han cerrado la posibilidad de discutir
reformas clave, como por ejemplo, la organización del poder y el sistema
representativo. No sabemos todavía qué posición vaya a tomar quien resulte
candidato del tercer partido que está todavía pendiente.
El hecho real es que en México hemos avanzado en el orden democrático
electoral, pero nada más en ese, no hemos avanzado en la democratización de las
instituciones y en algo que acompaña a todo sistema democrático, que es la
responsabilidad política de los gobernantes. No tenemos forma de imponer
responsabilidades políticas por el ejercicio indebido del poder, por las
insuficiencias que se dan en el poder, por las distorsiones del poder, por los
procesos de corrupción; porque no existen mecanismos de control construidos en
favor de nuestros representantes y en favor de la democracia. Por ejemplo, un
tema muy claro que ya fue rechazado es el de la reelección de los legisladores,
porque los partidos han optado por conservar las posiciones electorales en el
Congreso como una forma de satisfacer a sus diferentes clientelas y no como una
manera de consolidar al sistema representativo que permita ejercer controles
más eficaces con relación al gobierno.
Este es un debate que se tiene que dar, que no debe esperar a 2017. Si
esperamos a dar un debate en 2017, ya no va a ser sobre reformas que garanticen
la gobernabilidad democrática del país, sino sobre un cambio total del sistema
constitucional y esto nos puede llevar por otros caminos que en estos momentos
no hemos previsto.
¿La clase política está al nivel que se requiere para poder llevar a cabo un
proceso para hacer cambios o una nueva Constitución?
Carpizo:
Podemos tener las mejores normas y no van a funcionar bien si en los cargos de
mayor responsabilidad no está la gente adecuada. El derecho es una estructura
que necesita ser vivificado con la voluntad y la acción de los gobernados y de
los gobernantes, y en los últimos años pareciera que muchos de los principales
responsables de las instituciones mientras más pequeños y menos capaces sean
pues es mucho mejor.
El siglo XIX mexicano fue un cambio constante de constituciones porque
pensábamos que iba a resolver los problemas, y no resolvieron los problemas
porque faltó quienes pudieran aplicar muy bien esas normas. Por ello tengo esa
visión del país que ojalá esté equivocado: veo en México una quinteta de la
muerte que nos tiene erosionados todos los aspectos sociales, políticos y
económicos. Esta quinteta: poder arbitrario o irresponsable, la responsabilidad
es algo importantísimo; el dinero mal habido; corrupción, impunidad y un
ambiente de mentira que ya no se sabe a quién creer. Entonces, debemos
fortalecer una serie de instituciones para combatir a esta quinteta de la muerte.
Valadés:
No. Categóricamente no la veo. La clase política de México en 2012 es
históricamente la más pobre que ha tenido México en dos siglos de vida
independiente, de lucha por la independencia. Esto no se debe a cuestiones
personales. No quiere decir que no tengamos en 110 millones de mexicanos al
número suficiente de personas capacitadas, desde el punto de vista intelectual
y de formación en todos sentidos, para formar parte de una gran clase política.
Lo que ocurre es que no hay condiciones institucionales para que haya una clase
política. Una clase política sólo se forma con dos elementos: sistema de
partidos y sistema representativo, y los dos los tenemos profundamente
erosionados, tan es así que el sistema de partidos está fracturado. Lo podemos
corroborar cuando en las dos Cámaras los partidos votan de manera distinta, e
incluso bloquean las reformas en una Cámara, que se han aprobado en la otra por
parte del mismo partido. Hay un mal diseño en el sistema de partidos en México.
El hecho de que sólo podamos integrar partidos políticos cada seis años es
inconstitucional, es una restricción que hace el Cofipe que no corresponde a la
libertad de asociación que la
Constitución establece.
Sin un sistema de partidos y sin un sistema representativo fuertes, la clase
política seguirá siendo tan mediocre como la que hoy tenemos. Una clase
política que no es sensible a las necesidades sociales y políticas y de
transformación del país significa una clase política que no puede, merced a su
calidad, hacerse respetar y que por lo mismo tiene que recurrir a
procedimientos de distorsión en el ejercicio del poder que envilecen la vida
política del país y se tiene que corromper. La corrupción del país y de la vida
política del país no se debe a que los mexicanos seamos una especie de animal
diferente del resto del mundo, somos los mismos seres humanos en todo el
planeta, nada más que en esta parte del planeta las condiciones institucionales
favorecen la corrupción y favorecen la incapacidad de la clase política.
Conclusiones.
Carpizo:
Hay que ver la tesis primordial de la Constitución de 1917, incumplida después de 95
años, hay que regresar a ella. Si a mí me preguntaran qué es lo más importante,
tomaría el aspecto de justicia social, porque es la columna vertebral de
nuestra Constitución.
Hagamos una realidad todos los derechos de justicia social que se encuentran en
la Constitución.
¿Cómo le debemos los mexicanos de hacer honor a esa Constitución?, antes que
nada cumpliendo con todos los postulados de justicia social que son 169
derechos sociales, ¿y cuáles se cumplen? Pocos y muy mal.
Valadés:
Hacer una nueva Constitución efectivamente conlleva el riesgo de que
perdamos el Estado de bienestar. Ahora bien, si la sociedad mexicana es lo
suficientemente débil para permitir que sus dirigentes políticos conservadores
puedan privarla de los derechos que corresponden en el Estado de bienestar y de
las diferentes formas de prestación a las que está obligado el Estado por
virtud de los derechos sociales, querrá decir que tenemos un cuerpo social
profundamente debilitado y en esas circunstancias no debemos adoptar una
actitud resignada y condescendiente, a la sociedad habrá que orientarla, y la
responsabilidad de sus dirigentes políticos, de sus dirigentes intelectuales, de
sus dirigentes sociales será evitar que se lleve a cabo un atraco en contra del
constitucionalismo social mexicano y además construir las nuevas bases del
constitucionalismo mexicano.
Copyright © Grupo Reforma Servicio Informativo
Fecha de publicación: 03-Feb-2012