viernes, 30 de septiembre de 2011

Efectos de la decisión en la Corte


Ricas y pobres
Sergio Sarmiento
30 Sep. 11

"Plantear como la Iglesia que en la anticoncepción el ritmo es válido pero no el condón equivale a aceptar burlar a la naturaleza con la matemática pero no con la física".

Inspirado por Catón


En términos prácticos los fallos de la Suprema Corte de Justicia no han hecho más que ratificar la desigualdad de las mujeres en nuestro país. Las que tienen dinero podrán seguir practicándose abortos; las pobres que viven fuera de la Ciudad de México seguirán llenándose de hijos porque se les niega, primero, el acceso a métodos de anticoncepción y después al aborto.

Las mujeres con educación siempre han tenido mejores armas para defenderse de los embarazos indeseados. Tienen, para empezar, la confianza en sí mismas para rechazar a un hombre que las presiona para tener relaciones; pero cuando deciden hacer el amor lo hacen con conocimiento de su cuerpo y de los métodos para prevenir una concepción. No en balde se ha dicho que la secundaria es el mejor anticonceptivo.

En los tiempos en que el aborto era ilegal en todo el mundo las mujeres ricas acudían a médicos privados para practicarse legrados en condiciones razonables de seguridad e higiene. Las pobres arriesgaban la vida en operaciones clandestinas en las que, en vez de médico, las intervenía una matrona armada con un gancho.

Con el tiempo el aborto fue legalizado en Estados Unidos, Canadá, los países de Europa y otras naciones avanzadas. Las mujeres ricas pudieron así tomar un avión para hacerse una intervención en el extranjero. Las pobres se veían obligadas a tener hijos que después nutrían los ejércitos de delincuentes y prostitutas.

Ahora el aborto es legal en el Distrito Federal, pero no en el resto del país. Los fallos de la Suprema Corte de Justicia ante las leyes que definen la vida desde la concepción tendrán como consecuencia no sólo la ratificación de la prohibición del aborto sino que podrían llevar a la prohibición de los dispositivos intrauterinos (DIUs) que impiden la implantación del óvulo.

¿Qué ocurrirá en el futuro con las mujeres de nuestro país? Lo que siempre ha sucedido. Las más ricas, las que tienen mayor educación, podrán impedir la concepción y recurrir a abortos en caso de sufrir embarazos indeseados. Si viven en la Ciudad de México, podrán practicarse abortos con higiene y seguridad. Si viven en otros lugares del país, ya no tendrán que viajar a Estados Unidos o a Europa sino que simplemente se trasladarán al Distrito Federal para obtener abortos en las mismas condiciones que las capitalinas.

El problema, como siempre, lo sufrirán las pobres: las que carecen de educación, las que no se atreven a rechazar a los hombres, las que no saben cómo prevenir los embarazos, las que se dejan convencer por los hombres de que siempre las apoyarán si se embarazan, las que aceptan la posición de la Iglesia de que usar condón es un pecado.

Todo embarazo no deseado, termine o no en un aborto, es una tragedia. Para las mujeres más pobres, sin embargo, la tragedia se multiplica por mil. Como sociedad tenemos la obligación moral de paliar el trato a las mujeres más pobres. Debemos hacer esfuerzos para darles desde la adolescencia educación, condones, DIUs, parches o pastillas anticonceptivas.

Si la Iglesia Católica dedicara la mitad de la energía que utiliza para encarcelar a las mujeres orilladas a abortar para promover la anticoncepción, mucho habríamos logrado ya en el esfuerzo de reducir el número de abortos. Y también la desigualdad que hoy divide a las mujeres ricas de las pobres que sufren un embarazo indeseado.








"En los hospitales ricos se practican abortos, y la Ley es para las mujeres pobres" 
"El aborto es un tema de justicia social y de salud pública."

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