martes, 7 de julio de 2009

Buscando dignidad...


Hoy publica David Brooks en su columna op-ed del New York Times "In Search of Dignity" En donde traza el carácter de Washington como el arquetipo de la dignidad "era su carácter moral, lo que lo hacía un héroe". Washigton, nos cuenta Brooks tenía un código moral, que se obligaba a cumplir, igual que la Constitución de su país se basaba en la premisa de que los seres humanos son imperfectos y pueden caer en tentaciones. Por ello hay reglas. "Los sistemas artificiales son creados para establecer los límites al deseo y crear un balance."
Éste código moral á la Washington, sigue Brooks, fué adoptado por los políticos, y seguido por décadas. Pero el código ha sido totalmente abatido. La dignidad antigüa no ha sobrevivido la modernidad. El capitalismo, el culto al naturalismo, el evangelismo carismático y finalmente el igualitarianismo que desprecia las maneras aristocráticas han destruído toda posibilidad de superviciencia de la moralidad washingtoniana.
Brooks critica los escándalos de la última semana en los Estados Unidos (Palin, Jackson y otros). Pero a mí me recuerda también algo a México. Y no es que quiera erigirme en predicadora de la moralidad. Pero lo que vimos en las campañas electorales en México, la violación de la legalidad, pero también de las formas, de las normas mínimas de convivencia, es lo que tiene a México ahogado en un mar de corrupción. Por qué? porque hay normas de convivencia, hay cosas que no se deben hacer simplemente para permitir que todos podamos convivir en paz. No se necesita que todo esté regulado por el derecho, y menos por el penal, para entender que no se debe hacer. Que los partidos políticos digan "eso no está prohibído" no implica que puedan hacerlo. Que no esté prohibído que yo escupa a la gente en la cara no es razón para que yo lo haga. Todos los seres racionales, es decir el ser humano, son no sólamente determinados por otros (heterónomos) sino autodeterminados (autónomos).
En México la cultura de la ilegalidad y la incivilidad pueden más que lo contrario, reina la irracionalidad y el egoísmo tonto. Por eso, nuestra democracia no se arraiga y nuestra Constitución no es normativa. Las razones para obedecer las normas, jurídicas, morales y sociales, deben ir más allá de las sanciones, deben ser internas -- por convencimiento. De otra forma siempre estaremos buscando la forma de brincarnos la barda. Y así, no hay democracia constitucional que dure.
Leamos más a Kant: "Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal." O si prefieren, "las reglas de civilidad y comportamiento decente en la compañía y conversación" de George Washington. Pero seamos más civilizados y racionales.

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